CAPÍTULO II
FIN U OBJETIVO SOCIAL
Artículo 2.- La Asociación Privada de Fieles “Asociación de Mujeres
Católicas” (AMC), se erige en la Diócesis de Matamoros, con el fin de
promover el «Evangelio de la Mujer», impulsando en medio de la
comunidad eclesial diocesana su igual dignidad con el varón, según el
Plan de Dios, quien al crear al ser humano a su imagen y semejanza:
“varón y mujer los creó” (Gén 1, 27).

Artículo 3.- Quiere promover la vocación propia de la mujer católica y
su cooperación en el misterio de la redención, desde su «misterio
femenino», ayudándola a conocer y vivir el plan de Dios para la
feminidad en el seno de la Iglesia diocesana de Matamoros (cfr. Juan
Pablo II, Meditación mariana, 18 de junio de 1995).

Artículo 4.- Se propone llevar a la mujer a un encuentro con Jesucristo
vivo, especialmente mediante la Palabra (lectio divina) y los
Sacramentos, para que, asociadamente, emprenda un camino de
constante conversión, comunión y solidaridad en la Iglesia, desde su
estado de vida o condición.

Artículo 5.- Animar a la mujer para que desarrolle sus talentos, los
cuales, desde su «genio»  y misterio femenino son una riqueza para la
familia, la sociedad y la Iglesia.

Artículo 6.- Promover a la mujer para alcanzar la plenitud de la vida
cristiana y la perfección en las virtudes teologales, es decir, la santidad
a la que está llamada en cualquier estado o régimen de vida, como la
prioridad de su vida (cfr. Novo millennio ineunte, 30).
Artículo 7.- Hacer de ella una mujer de contemplación, reflexión,
oración y de apostolado.

Artículo 8.- Ayudar a que la mujer viva feliz en las diversas etapas de
su vida: hija, hermana, esposa, madre, ama de casa, apóstol de la
iglesia doméstica, consagrada, miembro comprometido de una
comunidad eclesial, ciudadana y gestora de un progreso con rostro
humano que sepa dar a la persona humana el centro que le
corresponde, llegando a participar incluso en los centros de decisión
política, económica, social, religiosa y cultural.

Artículo 9.- Promover a la mujer para que desarrolle en su vida el
sentido del misterio, lo alcance, lo viva y lo celebre activa y
fructuosamente mediante la Liturgia de la Iglesia, haciendo de ésta,
sobre todo de la Liturgia Eucarística, la fuente y el culmen de su vida
cristiana y apostólica, procurando resaltar los tiempos litúrgicos fuertes,
los eventos eclesiales universales, nacionales y diocesanos de especial
relevancia.

Artículo 10.- Teniendo en cuenta de que la Virgen María es el “espejo,
medida y modelo de la mujer”, invitar constantemente a la mujer de hoy,
niñas, adolescentes, jóvenes y adultas a contemplar el misterio de su
Maternidad Divina, su obediencia a la voluntad de Dios, su espíritu de
oración esperanzada especialmente en Pentecostés, su vida doméstica
en el hogar de Nazareth junto con Jesús su hijo y José su esposo, su
reinado de servicio, su silencio y discreción, su presencia maternal y
llena de ternura para mujeres y hombres, a quienes acompaña en su
diario caminar, todo ello mediante la meditación ordinaria y diaria de los
misterios del Santo Rosario, celebración de sus festividades litúrgicas, y
promoviendo la devoción a ella.
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