CAPÍTULO III
CONSTITUCIÓN
Artículo 10.- La Asociación Privada de Fieles AMC, se constituye por
un acuerdo privado entre mujeres católicas, para conseguir los fines
arriba mencionados mediante el conocimiento, aceptación y observación
de los presentes Estatutos, previamente revisados y aprobados por el
Obispo Diocesano de Matamoros, y desarrollará su actividad en la
Iglesia Católica, Apostólica y Romana, a tenor de su Doctrina, Principios
Morales y su Derecho Canónico.

Artículo 11.- Las mujeres miembros de la AMC, sin excepción, buscarán
siempre la comunión con el Obispo diocesano y su presbiterio, estarán
dispuestas a colaborar oportuna y adecuadamente, según el Plan
Diocesano de Pastoral, con los organismos,   obras e iniciativas
diocesanas, de acuerdo al Derecho Canónico, a su propio Carisma y
Estatutos.

Artículo 12.-        El Obispo diocesano nombrará al Sacerdote
Consejero Espiritual de la AMC, entre una terna que le presentará el
Equipo Coordinador, elegidos de entre los sacerdotes que ejercen
legítimamente el ministerio en la Diócesis. Si en la Diócesis se cuenta
con Subsedes de la AMC, compete al Obispo diocesano autorizar o
nombrar a algún Sacerdote para que sea el Consejero Espiritual.

Artículo 13.-        Si la AMC fuera invitada a abrir algunos centros de
apostolado en el territorio de otra Arqui-Diócesis, primero deberá
recabar la autorización expresa del Sr. Arz-Obispo respectivo, a quien
se le deberá entregar un ejemplar de los Estatutos y con quien la AMC
deberá guardar obediencia en el espíritu de comunión. A él le
corresponderá nombrar al Consejero Espiritual correspondiente.

Artículo 14.-        En la medida de lo posible y conveniente, la AMC
deberá procurar mantener una relación y frecuente comunicación con la
Comisión Diocesana del Apostolado Laical, informar a la Curia
Diocesana de los cambios que se realicen en su Directiva, para ser
incluidos en el Directorio Diocesano.

Artículo 15.-        Igualmente, aunque la AMC tenga ordinariamente sus
reuniones en las casas de sus miembros, buscará una relación
respetuosa con las estructuras eclesiales, tendrá en alto valor la
comunicación con los sacerdotes, especialmente los decanos y los
párrocos del lugar donde desempeñen su apostolado. Las actividades
de la AMC, buscarán insertarse en la vida concreta de alguna parroquia
o parroquias, cooperando a que la parroquia venga a ser una
comunidad de comunidades y de movimientos (Ecclesia in America, 41).
Estatutos