CAPÍTULO V
RÉGIMEN
Artículo 18.-        El Régimen que se observará en la AMC estará
inspirado en el espíritu y dinamismo del Buen Pastor, el cual conoce a
sus ovejas, las llama una por una y las saca fuera, va delante de ellas,
les da vida en abundancia y da su propia vida por ellas y éstas conocen
su voz y no seguirán a un extraño (cfr. Jn 10, 1-18). Por tanto, las
dirigentes de la AMC evitarán sistemáticamente las actitudes del ladrón
y salteador así como del asalariado (Idem).

Artículo 19.-        La autoridad habrá de ejercerse al estilo de Jesús: “...
que el mayor entre ustedes sea como el más joven, y el que gobierna
como el que sirve... Pues yo estoy en medio de ustedes como el que
sirve” (Lc 22, 26-27).

Artículo 20.-        La Fundadora de la AMC será la Coordinadora
Diocesana, hasta el momento en que ella, después de consultar al
consejero espiritual, considere prudente presentar su renuncia al
Obispo diocesano, para proceder elegir a una nueva Coordinadora
Diocesana, a tenor del Derecho Canónico.

Artículo 21.-        La Coordinadora Diocesana, después de consultar
con el Consejero Espiritual, tomará las decisiones que miren a la vida y
organización de la AMC. Se auxiliará en el gobierno de la AMC de tres
Consejeras, a quienes nombrará libremente de entre las Coordinadoras
de los Grupos o Subsedes, de acuerdo con el Consejero Espiritual.

Estas consejeras deberán ser cambiadas cada tres años por la
conveniencia de renovarse y dar oportunidad a que otras
coordinadoras, con su entusiasmo y disposición, aporten lo mejor de sí.  
En el caso de que alguna de ellas, a juicio de la Coordinadora
Diocesana y el Consejero Espiritual, se distinga por buen desempeño y
compromiso, su manera de actuar y servir, podrá quedarse por un
período más para bien de la asociación.

Artículo 22.- Este Equipo Coordinador, siguiendo el estilo del Buen
Pastor, tendrán como primera responsabilidad procurar la unidad y la
comunión con el Obispo, con el Presbiterio, con los demás Grupos,
Movimientos o Asociaciones del Apostolado Laical.

Artículo 23.- Dando siempre primacía a la gracia de Dios y a la oración
(cfr. Novo millennio ineunte, 32, 38), el Equipo de Coordinación tendrá
la responsabilidad de la Promoción, Crecimiento, Organización y
Planeación así como la Coordinación de la vida de la AMC y sus grupos.
Proveerán de los medios y subsidios, sobre todo espirituales y litúrgicos,
necesarios para el cumplimiento de los objetivos de la AMC.

Artículo 24.- Será la última instancia para atender los asuntos que se
vayan presentando en los grupos o subsedes. Antes de tomar
decisiones respecto a los asuntos que vayan tratando, deberá buscar
una conveniente y oportuna información sobre la situación de las
personas y sus circunstancias, buscando siempre observar en sus
decisiones la justicia y la caridad, una total discreción y que las
decisiones se tomen en espíritu solidario y corresponsable de equipo.

Artículo 25.- Velar por la fidelidad de toda la AMC y sus grupos a estos
Estatutos. Para ello, tiene la facultad y potestad de dar normas
peculiares que se refieran a la asociación, de convocar, presidir y
regular reuniones, de designar a las Coordinadoras de Grupos o
subsedes, subcoordinadoras y a las administradoras de bienes, según
las necesidades de la AMC y a tenor del Derecho Canónica (cfr. c. 309).

Artículo 26.- Si alguna mujer que sea miembro de la AMC se aparta del
carisma o estilo de vida de la Asociación o perturba son su actitud y sus
acciones la buena marcha de algún grupo, la Coordinadora Diocesana
o quien ella designe, dialogará con la interesada, la escuchará y la
invitará observar la fidelidad a los Estatutos y al carisma. Si persiste en
su actitud, se le hará una segunda invitación y si aun así no cambia de
actitud, la Coordinadora Diocesana la expulsará de la Asociación (cfr. c.
308).
Estatutos